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Cómo trabajamos, paso a paso
Desde la primera recorrida a pie hasta la entrega del tablero de monitoreo, cada etapa tiene un entregable concreto. Acá va el orden real de las cosas, con los tiempos que solemos manejar y los puntos donde el plan se ajusta.
Recorremos el tramo con el equipo técnico del cliente y registramos estado de rieles, fijaciones y aparatos de vía. La primera semana se destina a caminata de campo y toma de muestras; el informe preliminar sale a los diez días con los puntos que requieren atención inmediata.
Definimos cantidad y ubicación de nodos según tráfico, tipo de vía y prioridades del operador. Se acuerda qué variables se miden (vibración, temperatura, desplazamiento) y con qué frecuencia se reportan. Esta etapa cierra con un plano de instalación firmado por ambas partes.
El montaje se hace en ventanas de corte acordadas con el área de operaciones para no interrumpir circulación. Cada nodo se calibra contra una medición de referencia y se georreferencia. La instalación típica de un corredor de 40 km lleva entre tres y cuatro semanas.
Conectamos los sensores al panel de monitoreo remoto y configuramos umbrales de alerta junto al equipo del cliente. Se capacita a los operadores en lectura de tableros y protocolos de respuesta. Los primeros quince días funcionan como período de ajuste fino de umbrales.
Una vez estabilizado, el sistema pasa a régimen con revisión mensual de datos y visitas técnicas programadas. Se actualiza el inventario de activos con cada intervención y se ajustan los planes de mantenimiento preventivo según el desgaste observado.
Los plazos pueden variar por clima, disponibilidad de ventanas de vía o cantidad de aparatos a instrumentar. Antes de arrancar, dejamos por escrito qué queda dentro del alcance y qué se resuelve en una etapa posterior.
Desde la primera consulta hasta la respuesta técnica, cada caso sigue un circuito definido. Estos son los canales disponibles y los tiempos que manejamos según la urgencia del reclamo.
Los tiempos de respuesta dependen del tipo de caso y del estado de la línea. Un evento crítico se atiende el mismo día; una consulta administrativa puede demorar hasta dos jornadas hábiles. Si el pedido ya fue registrado, conviene indicar el número de ticket para evitar repetir información.
Antes de escribir, revisá las preguntas frecuentes y datos de contacto o consultá las condiciones de servicio para saber qué incluye cada tipo de soporte.
Antes de instalar el primer sensor conviene saber qué se gana y qué no. Estas son las ventajas que aparecen en los primeros meses de trabajo sobre vía, y también los límites reales que conviene tener claros desde el arranque.
Los nodos de vibración y temperatura detectan patrones anómalos en durmientes y aparatos de vía. El operador recibe el aviso en pantalla con coordenada y hora, no cuando ya hay que cortar la circulación.
Las cuadrillas siguen saliendo, pero salen con una hipótesis. La inspección visual se concentra en los tramos que la plataforma marcó, y el resto del corredor queda cubierto por lectura continua.
Cada activo tiene ficha con intervenciones, vida útil estimada y proveedor. Cuando se planifica el mantenimiento del mes, se consulta el registro en lugar de reconstruirlo entre planillas sueltas.
No todo punto crítico se atiende el mismo día. La plataforma agrupa hallazgos por severidad y cercanía geográfica, así la cuadrilla resuelve varios frentes en una sola salida.
Los registros quedan fechados y exportables. Sirven para responder a un ente regulador, justificar una ventana de corte o discutir un reclamo con evidencia concreta del estado del tramo.
Ningún sensor reemplaza al inspector en un cruce con fisura abierta ni decide por sí solo un corte de vía. La plataforma ordena información; la decisión operativa sigue siendo humana y con protocolo escrito.
Si querés ver cómo se traduce esto en un despliegue concreto, revisá los servicios de inspección y monitoreo o las soluciones por tipo de red.
Cómo trabajamos
Cada intervención sobre infraestructura ferroviaria arranca con una conversación concreta: qué tramo, qué tipo de tráfico, qué señales ya detectaron. A partir de ahí definimos el alcance, los plazos y qué queda registrado en el sistema de gestión de activos.
Antes de proponer cualquier sensor o vuelo de dron, revisamos el estado actual del corredor: kilometraje, tipo de vía, aparatos de maniobra, historial de intervenciones y frecuencia de circulación. Si hay planillas en papel o registros dispersos, los ordenamos en una primera ficha digital.
Con el relevamiento en mano, acordamos qué se inspecciona primero y qué puede esperar. No todos los tramos necesitan la misma densidad de sensores ni la misma frecuencia de vuelo. En esta etapa quedan claros los límites: ventanas de trabajo, cortes de vía necesarios y qué queda fuera del servicio.
Los nodos de vibración, temperatura y desplazamiento se montan sobre durmientes y rieles con el corredor operativo. En paralelo, el equipo realiza inspección visual y aérea de los aparatos de vía. Cada lectura queda georreferenciada y asociada a un componente específico del inventario.
Los datos llegan a un panel único donde el operador ve alertas por umbral, historial por activo y vida útil estimada de cada componente. Capacitamos al personal de la línea para leer esas alertas y decidir cuándo una anomalía requiere intervención inmediata y cuándo entra en la planificación semanal.
Entregamos un informe con los puntos críticos detectados, prioridad de intervención y coordenadas GPS. A los pocos meses revisamos los umbrales configurados: algunos generan demasiadas alertas, otros quedan cortos. El sistema se afina con el uso real del corredor.
Si querés ver cómo se aplica esto en un corredor concreto, revisá los enfoques por tipo de red o los formatos de servicio disponibles.