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Cada incorporación sigue un orden fijo de etapas. No hay atajos: primero se entiende el trazado, después se instrumenta y recién entonces se opera con la plataforma en producción. Estos son los hitos que ya atravesaron los equipos que hoy monitorean sus líneas con nosotros.
Semana 1
Un técnico recorre el tramo asignado con el jefe de vía. Se marcan durmientes, aparatos y puntos ciegos donde la inspección manual llega tarde. El resultado es un plano de instrumentación con prioridades, no un listado genérico.
Semana 3
Los nodos de vibración y temperatura se montan sobre riel y durmiente según el plano previo. La colocación se hace en ventanas de corte programadas para no interferir con la circulación de formaciones.
Semana 6
Durante dos semanas se registra el comportamiento normal del tramo. Esa línea base es la que después permite distinguir una anomalía real de una variación esperada por temperatura o carga.
Mes 3
El personal de la línea aprende a leer alertas, priorizar intervenciones y registrar cierres en el sistema de gestión de activos. La capacitación se hace sobre el tablero real, con casos del propio corredor.
Mes 6
Se comparan las intervenciones de emergencia contra el período anterior. En el corredor Rosario–Córdoba esa revisión mostró una caída del 38% en salidas no planificadas. A partir de ahí se ajusta la frecuencia de muestreo.
Los plazos son orientativos. La duración real depende de la extensión del tramo, la cantidad de aparatos de vía y las ventanas de corte que habilite el operador de la línea.
Antes de arrancar conviene dejar por escrito qué incluye el proceso de incorporación y qué queda fuera. Estas son las aclaraciones que solemos repasar en la primera reunión, para que nadie asuma compromisos que no correspondan a esta etapa.
El onboarding cubre el relevamiento inicial, la definición del alcance técnico, la asignación del equipo y la puesta en marcha del tablero de seguimiento. No incluye obra civil, provisión de materiales ni instalación de sensores en vía: esas tareas se acuerdan en una etapa posterior, con su propio cronograma y presupuesto.
Los tiempos que mencionamos durante la incorporación son orientativos y dependen de la disponibilidad de acceso a la traza, de los permisos del operador y de las condiciones climáticas en Santiago del Estero y la región. Cualquier fecha firme se confirma recién cuando el plan de trabajo queda aprobado por ambas partes.
Para dimensionar bien el trabajo pedimos planos de vía, kilometrajes, historial de intervenciones y clasificación de activos si existen. Si esa información está en papel o dispersa en planillas, lo contemplamos como parte del relevamiento, pero no reemplaza la validación en campo.
AllTrack Rail aporta el equipo técnico, la metodología de inspección y las herramientas de monitoreo remoto. El cliente designa un referente operativo que pueda autorizar accesos, responder consultas sobre la infraestructura y validar los hallazgos. Sin ese referente, el proceso se detiene.
El onboarding no emite certificaciones de seguridad ferroviaria ni reemplaza auditorías regulatorias. Tampoco anticipa resultados de reducción de fallas: los indicadores se construyen con datos reales una vez que el sistema está operativo y acumula lecturas suficientes.
Toda la documentación que compartís durante la incorporación queda bajo acuerdo de confidencialidad. Los datos técnicos no se publican ni se comparten con terceros sin autorización escrita, salvo obligación legal. Podés pedir la devolución o el borrado del material al cierre del proceso.